Sadhana post-iluminación


Rupert Spira: Había un viejo maestro zen en su lecho de muerte y uno de sus discípulos más antiguos le pregunto: “¿Cómo van las cosas ahora para ti, maestro?” Y el maestro contestó: “Todo va muy bien pero mi cuerpo tiene dificultades para seguir”.

En otras palabras, mi mente está abierta, es espaciosa y pacífica como el cielo pero, aún así, la manera en la que experimento el cuerpo todavía no ha llegado al mismo nivel que mi comprensión.

Y es corriente para aquellos que han estado en la vía no dual durante muchos años, tener una comprensión clara y genuina de la enseñanza no dual pero, aún teniendo esta comprensión, todavía sienten el cuerpo y perciben el mundo de una manera que es consistente con sus viejas creencias.

En otras palabras, sé que soy la presencia consciente abierta, ilimitada y vacía, pero siento que soy un cuerpo denso, localizado, limitado.

Esta discrepancia entre nuestra comprensión y nuestros sentimientos es la responsable de ese sutil sentimiento de carencia que muchas personas todavía sienten a pesar de llevar muchos años en la vía no dual.

Así que las meditaciones yóguicas están diseñadas, concebidas para tratar con esta discrepancia; y, como tal, no son una exploración de nuestra verdadera naturaleza.

Se da ya por hecho en las meditaciones yóguicas que hemos reconocido o al menos hemos tenido un vislumbre de nuestra naturaleza esencial de consciencia abierta y vacía. Y así las meditaciones yóguicas están concebidas para realinear la manera en la que sentimos el cuerpo y percibimos el mundo con nuestra comprensión.

Muchos de nosotros en occidente tenemos una idea muy simplista de lo que es el despertar. Pensamos que es una especie de acontecimiento extraordinario, que sucede en un momento dado y, que después de él, ya somos felizmente para siempre.

Hay dos errores en esa creencia. Primero de todo, el reconocimiento de nuestra naturaleza no es un acontecimiento extraordinario, es simplemente el reconocer lo que esencialmente somos, y no hay nada extraordinario en ello; es simplemente un reconocimiento simple, obvio y familiar. 

El segundo error es pensar que este reconocimiento borrará inmediatamente y acabará con todo el sufrimiento en nuestra vida. Es cierto que la raíz de este sufrimiento -que es el yo separado- quedará cortada en este reconocimiento, pero los hábitos, las costumbres del pensamiento y especialmente del sentir y del percibir van a sobrevivir a este reconocimiento.

Durante nuestros diálogos exploramos los hábitos del pensamiento. Y durante las meditaciones yóguicas exploramos estos hábitos, estos patrones de sentir y percibir. 

En otras palabras, exploramos el residuo que ha quedado del yo separado en el cuerpo. Es a lo que Francis Lucille se refería como la “sadhana post-iluminación”: la exploración que llevamos a cabo después del reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Que, en la mayoría de los casos, implica un realineamiento natural de la manera como sentimos el cuerpo y percibimos el mundo; realineamiento con nuestra comprensión. 

(Pasaje extraído del Encuentro de Mayo de 2016).


Yo no estoy ni fuera ni dentro



De lo conocido Yo soy el conocedor

En el conocedor Yo soy el conocimiento

Como conocimiento Yo soy y me conozco sólo a Mí mismo


Yo hago toda experiencia conocible

Pero Yo mismo no soy una experiencia

Todas las cosas aparentes son Mis nombres y formas

Pero Yo no tengo ningún nombre ni forma

En la ignorancia Yo voy y vengo en el mundo

En la sabiduría el mundo va y viene en Mí

En el amor todo es Yo y Yo soy todo

Pero para Mí mismo no hay yo ni todo

Yo no estoy ni fuera ni dentro


Fuente: Advaitainfo

El Eterno Ahora


Toda experiencia tiene lugar ahora.

El ahora es concebido normalmente como una fracción de tiempo intercalada entre dos lapsos inacabables, el pasado y el futuro. En otras palabras, el ahora es considerado un momento que dura un instante ―de ahí la expresión "el momento presente"― que se mueve a lo largo de una línea de tiempo.

El ahora es sin duda conocido o experimentado. Pero ¿y el tiempo?

El tiempo es la duración entre dos eventos. Por ejemplo, aparentemente transcurren veinticuatro horas entre el desayuno de hoy y el de mañana. Pero ¿cuál es en realidad nuestra experiencia de esta duración? ¿Cuál es nuestra experiencia del desayuno que hemos tomado esta mañana en este momento?

Es solamente un pensamiento o una imagen. Y el desayuno de mañana es también solamente un pensamiento o una imagen. Todos los pensamientos e imágenes tienen lugar ahora; nunca en un pasado o en un futuro. Esto es, no tenemos ninguna experiencia real del desayuno de hoy o del de mañana. Experimentamos pensamientos o imágenes del desayuno, pero estos tienen lugar ahora.

El tiempo en el cual creemos que el desayuno de hoy ha tenido lugar y el tiempo en el cual el desayuno de mañana se cree que tendrá lugar son imaginados. Nunca son experimentados.

Cuando tiene lugar la experiencia real del desayuno es ahora. Y cuando tiene lugar el pensamiento sobre el desayuno también es ahora.

Así pues, lo único que conocemos verdaderamente es el ahora; en realidad nunca conocemos el pasado o el futuro. Y si no conocemos el pasado ni el futuro, ¿cómo podemos conocer el tiempo? ¡Es imposible!

Del mismo modo, si no conocemos el tiempo, ¿cómo sabemos que el ahora en el que está teniendo lugar la experiencia actual no es el mismo ahora en el que tiene lugar toda experiencia? ¿Cómo sabemos que el ahora en el que tuvimos nuestra primera experiencia como recién nacidos no es el mismo ahora en el que están apareciendo estas palabras?

Es tan solo un pensamiento el que nos dice que este ahora es diferente de aquel ahora. Y dicho pensamiento está manifestándose en este momento. Sencillamente, ¡no podemos evitar el ahora! No está presente ningún otro tiempo en el que pueda existir otro ahora.