Meditación: Lo Que Nunca Te Deja





Vídeo de meditación con traducción simultánea.

"Nada de lo que seamos conscientes ha permanecido, pero hay un elemento de nuestra experiencia que no cambia, no aparece, se mueve o desaparece y es el conocer de ello. 

Los pensamientos, sensaciones y percepciones están continuamente desapareciendo pero tú, yo, aquel o aquello que es consciente de ellos, nunca ha aparecido o desaparecido".

Citas XI



Creer que yo, Presencia consciente, comparto los límites y el destino de la mente y el cuerpo es como creer que la pantalla comparte los límites y el destino de un personaje en una película.

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Eres la presencia abierta, vacía y permisiva de la Presencia consciente, en la que aparecen y desaparecen los objetos del cuerpo, la mente y el mundo, mediante la cual se conocen y, en último término, de la que están hechos. Simplemente date cuenta de ello, y sé ello, conscientemente.

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Soy la luz pura del Conocer que atraviesa toda experiencia. Permanece en Mí.

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Yo, Presencia consciente, no conozco la resistencia y, por tanto, soy la paz misma; no busco nada y, por tanto, soy la felicidad misma; y soy íntimamente una con todas las apariencias y, por ello, soy el amor mismo.

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El ahora eterno, cuando se observa a través de la estrecha hendidura de la mente, aparece como tiempo. El aquí infinito, cuando se observa a través de la estrecha hendidura de la mente, aparece como espacio.

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Como trasfondo que atestigua toda experiencia, estoy intrínsecamente libre de todas las cosas; como sustancia de toda experiencia, soy intrínsecamente uno con todas las cosas.

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Así como la polilla nunca toca la llama que busca pero muere en ella, de igual forma el aparente yo separado nunca encuentra la paz o la felicidad que busca, se disuelve en ella.

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No se me puede conocer como un objeto pero nunca se me deja de conocer.

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Soy el Conocer con el que se conoce toda experiencia y soy el Ser en todo lo que existe.

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Yo, Presencia consciente, no puedo ser conocida como ningún tipo de objeto, tal como un pensamiento, un sentimiento, una sensación o una percepción; pero aun así, en todos ellos es a mí solamente a quien se conoce, de igual manera que nunca se encuentra la pantalla en la película, pero en realidad, es todo lo que verdaderamente se ve.

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Un yo separado no tiene un punto de vista; es un punto de vista.

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La experiencia no está intrínsecamente dividida en una parte que experimenta y otra que es experimentada. Es una sustancia que no tiene nombre, uniforme e íntima. El amor y la belleza son los nombres que le damos a la experiencia cuando se conoce y se siente esta intimidad.

Sadhana post-iluminación


Rupert Spira: Había un viejo maestro zen en su lecho de muerte y uno de sus discípulos más antiguos le pregunto: “¿Cómo van las cosas ahora para ti, maestro?” Y el maestro contestó: “Todo va muy bien pero mi cuerpo tiene dificultades para seguir”.

En otras palabras, mi mente está abierta, es espaciosa y pacífica como el cielo pero, aún así, la manera en la que experimento el cuerpo todavía no ha llegado al mismo nivel que mi comprensión.

Y es corriente para aquellos que han estado en la vía no dual durante muchos años, tener una comprensión clara y genuina de la enseñanza no dual pero, aún teniendo esta comprensión, todavía sienten el cuerpo y perciben el mundo de una manera que es consistente con sus viejas creencias.

En otras palabras, sé que soy la presencia consciente abierta, ilimitada y vacía, pero siento que soy un cuerpo denso, localizado, limitado.

Esta discrepancia entre nuestra comprensión y nuestros sentimientos es la responsable de ese sutil sentimiento de carencia que muchas personas todavía sienten a pesar de llevar muchos años en la vía no dual.

Así que las meditaciones yóguicas están diseñadas, concebidas para tratar con esta discrepancia; y, como tal, no son una exploración de nuestra verdadera naturaleza.

Se da ya por hecho en las meditaciones yóguicas que hemos reconocido o al menos hemos tenido un vislumbre de nuestra naturaleza esencial de consciencia abierta y vacía. Y así las meditaciones yóguicas están concebidas para realinear la manera en la que sentimos el cuerpo y percibimos el mundo con nuestra comprensión.

Muchos de nosotros en occidente tenemos una idea muy simplista de lo que es el despertar. Pensamos que es una especie de acontecimiento extraordinario, que sucede en un momento dado y, que después de él, ya somos felizmente para siempre.

Hay dos errores en esa creencia. Primero de todo, el reconocimiento de nuestra naturaleza no es un acontecimiento extraordinario, es simplemente el reconocer lo que esencialmente somos, y no hay nada extraordinario en ello; es simplemente un reconocimiento simple, obvio y familiar. 

El segundo error es pensar que este reconocimiento borrará inmediatamente y acabará con todo el sufrimiento en nuestra vida. Es cierto que la raíz de este sufrimiento -que es el yo separado- quedará cortada en este reconocimiento, pero los hábitos, las costumbres del pensamiento y especialmente del sentir y del percibir van a sobrevivir a este reconocimiento.

Durante nuestros diálogos exploramos los hábitos del pensamiento. Y durante las meditaciones yóguicas exploramos estos hábitos, estos patrones de sentir y percibir. 

En otras palabras, exploramos el residuo que ha quedado del yo separado en el cuerpo. Es a lo que Francis Lucille se refería como la “sadhana post-iluminación”: la exploración que llevamos a cabo después del reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Que, en la mayoría de los casos, implica un realineamiento natural de la manera como sentimos el cuerpo y percibimos el mundo; realineamiento con nuestra comprensión. 

(Pasaje extraído del Encuentro de Mayo de 2016).